Devocionales

Sólo un pequeño pecado

Lysa TerKeurst 24 de noviembre de 2020
José siguió buscando a sus hermanos, y los encontró cerca de Dotán. Como ellos alcanzaron a verlo desde lejos, antes de que se acercara tramaron un plan para matarlo. Génesis‬ 37:17c-18‬ (NVI‬‬)‬‬

Hoy habrá un momento. Nadie tomará una foto de ese momento. Probablemente no llegará a los diarios de los que escriben ni se quedará en los pensamientos que llevamos con nosotras para dormir esta noche.

Llegará.

Se irá.

Aparentemente pasará desapercibido. Pero sus efectos no escaparán. Se quedarán. Y si se fomenta, crecerá hasta alcanzar proporciones épicas.

Este momento en el que algo entra en nuestro corazón y lleva nuestro enfoque de lo correcto a lo incorrecto. Será sólo un indicio de distorsión. La cantidad más pequeña. Pero una ligera y aparentemente insignificante cantidad de pensamiento sesgado echará raíces.

Y crecerá.

Más allá de lo que podemos imaginar.

¿Qué es esta distorsión? El pensamiento de que “esta” amargura está bien...justificada... no es gran cosa.

Lo que nos lleva a una de mis historias favoritas de la Biblia. AQUELLA en la que Moisés va ante el faraón y canta esa canción, “Oh, faraón, faraón, oh, oh, deja ir a mi pueblo”.

Es una traducción muy imprecisa, pero si alguna vez has asistido a una escuela bíblica infantil de vacaciones, probablemente sabes de qué estoy hablando.

Hay una asombrosa cadena de eventos que llevaron a Dios a liberar a Su pueblo del control feroz del Faraón, que quiero que rastremos y consideremos. Comienza con esta pregunta: ¿Por qué toda la nación de los israelitas, todo el pueblo de Dios, las doce tribus, sufrió esclavitud en Egipto?

Al mirar hacia atrás en la historia, encuentro que se debe a un momento aparentemente insignificante.

El curso de la historia cambió porque unos pocos miembros de la familia se enojaron y estaban celosos de su hermano José. Entró la amargura. Y esa amargura eventualmente se convirtió en odio.

El dolor que es desatendido en el corazón humano con el tiempo puede fácilmente convertirse en odio.

Nuestro versículo clave revela el momento en que la semilla de la amargura y la ira se transformaron en completo complot asesino: “José siguió buscando a sus hermanos, y los encontró cerca de Dotán. Como ellos alcanzaron a verlo desde lejos, antes de que se acercara tramaron un plan para matarlo.” Génesis‬ 37:17c-18‬ (NVI‬‬)‬‬

Aunque no terminaron matando a José, sí vendieron a su hermano y lo consideraron muerto.

Pasaron los años.

Pasaron años de angustia y confusión.

Eventualmente, José llegó a una posición de gran poder en Egipto y tenía autoridad para proporcionar alimentos a su familia. Así que los once hermanos y sus familias se mudaron a Egipto. José y sus once hermanos forman lo que se convirtió en las doce tribus de Israel. A medida que estas tribus se multiplicaron, se convirtieron en la nación de Israel.

Lo que los hermanos pensaron para el mal, Dios lo usó para el bien. Salvó a los israelitas de la hambruna. Pero todavía había efectos duraderos de las decisiones de los hermanos que salieron años después.

Después de la muerte de José, “Pero llegó al poder en Egipto otro rey que no había conocido a José, y le dijo a su pueblo: «¡Cuidado con los israelitas, que ya son más fuertes y numerosos que nosotros! Vamos a tener que manejarlos con mucha astucia; de lo contrario, seguirán aumentando y, si estalla una guerra, se unirán a nuestros enemigos, nos combatirán y se irán del país». Fue así como los egipcios pusieron capataces para que oprimieran a los israelitas. Les impusieron trabajos forzados, tales como los de edificar para el faraón las ciudades de almacenaje Pitón y Ramsés.” Éxodo‬ 1:8-11‬ (NVI‬‬).‬‬‬‬‬‬

Así, toda la nación de Israel sufrió la opresión y la esclavitud durante siglos. ¿Por qué?

Porque en un día normal, algunos hermanos se pusieron un poco celosos... y permitieron la entrada a la amargura y la ira.

Y en el instante en que estas emociones se filtraron, el curso de la historia cambió.

En un momento.

Nunca asumamos que nuestros momentos no importan. Las decisiones que tomamos cada segundo de cada día importan.

No hay pequeños momentos o pequeños pecados.

Hay un efecto dominó en todo esto, y va mucho más allá de lo que podemos saber.

Por favor, entiende que ninguna parte de esto es para amontonar más daño en ti o condenarte de ninguna manera. Pero la conciencia y la convicción son buenas.

Los momentos importan. Y las generaciones futuras se verán afectadas por nuestras elecciones de hoy.

Observemos cualquier momento del día en el que tengamos la opción de dejar entrar la ira, la envidia o cualquier otra cosa negativa. Y cuando una de esas aparezca, debemos reconocerlo. Rechazarlo. Y reemplazarlo con el espíritu de amor de Dios.

Querido Señor, gracias por recordarme que nunca hay solo un poco de amargura. Nunca hay solo un poco de falta de perdón. Nunca hay solo un poco de ira. Ayúdame hoy a elegir sabiamente cuando se trata de mis pensamientos, palabras y acciones. Sé que mis elecciones tendrán un impacto multiplicador que se extiende más allá de lo que conozco. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Santiago 3:16, Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas.(NIV)

Recursos Adicionales

¿Quieres leer más sobre cómo dejar la amargura y experimentar en su lugar, la libertad de Dios? Echa un vistazo a dos devocionales similares:

Los indicadores de la amargura escondida, por Lysa TerKeurst

En dieta de hiel, por Meredith Houston Carr

Reflexiona y responde

Satanás quiere que pensemos que un poco de ira, celos o amargura no son gran cosa. Pero Dios quiere que arranquemos de raíz esas cosas antes de que puedan crecer. ¿Hay alguna emoción negativa que necesitas que Dios te ayude a reemplazar? Únete a la conversación de hoy.

© 2020 por Lysa TerKeurst. Todos los derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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